Conferencia de Segundo Mesado

CONFERENCIA PRONUNCIADA POR SEGUNDO MESADO ASENSIO AL TERMINAR LOS ACTOS DE CONCESIÓN DE LA INSIGNIA KDO A ÉL Y A SU ESPOSA CRESCENCIA LOBATO EL DÍA 22 DE SEPTIEMBRE DEL 2007 EN JACA – (HUESCA)

 Sr. Presidente y miembros de la Junta de la Asociación de Amigos del Telégrafo de España, amigos y amigas:

 La Asociación de Amigos del Telégrafo de España, a través de su Junta Directiva ha tenido a bien concedernos la insignia KDO a mi esposa Crescencia y a mí, justamente cuando Telégrafos ha dejado de existir tal y como lo conocíamos antes de nuestra jubilación.

 No cabe duda de que la realidad es muy tozuda y desde que la Telefonía móvil y el Correo Electrónico permitieron una comunicación mucho más rápida que lo hacían las infraestructuras telegráficas, el Cuerpo de Telégrafos tuvo que asumir la supresión por el Gobierno de España, lo que el 22 de abril de 1855 nació con el objetivo de conectar entre sí las ciudades más relevantes del país, para una mejor y más rápida comunicación entre ellas.

 Nos complace que la “Asociación de Amigos del Telégrafo de España” ayude a mantener viva en la memoria lo que el Telégrafo supuso de estímulo en la mejora de la telecomunicación. El afán por mejorar la calidad y rapidez de la información abrió las puertas a los sistemas de comunicación que hoy nos inundan. Podemos decir sin temor a equivocarnos que Telégrafos ha muerto de éxito.

 Sin negar nuestra admiración por los nuevos logros en el mundo de la telecomunicación, la desaparición de Telégrafos la hemos sentido como si se hubiera derribado un edificio estimado a cuyo mantenimiento y desarrollo hemos dedicado todos nuestros esfuerzos profesionales. Sin embargo la desaparición de Telégrafos ha servido de pretexto para rememorar un sinfín de irrepetibles vivencias intelectuales, tecnológicas, y personales, todas ellas relacionadas con la que fue nuestra actividad profesional. Cuando se anunció que el Baudot se había suprimido, mi esposa, la que había trabajado en ese sistema con tanta ilusión, no pudo reprimir las lágrimas.

 También consideramos importante recordar la actividad que desplegaron los telegrafistas, muchas veces en condiciones no exentas de dificultades, entre las que podríamos citar, entre otras,: condiciones ambientales que actuaban implacablemente contra las infraestructuras telegráficas que era necesario mantener en servicio permanente.: celadores, repartidores que tenían que recorrer trayectos, para reparar averías, con nevadas a veces hasta las rodillas y a pié, y los repartidores igualmente.

 A esta Asociación, a la que aplaudimos por los objetivos que pretende, y a todos los que se han reunido hoy aquí, queremos, mi esposa y yo, agradecerles la distinción  con que nos honran aunque consideramos que debe haber otras personas que lo merezcan tanto o más que nosotros, por esta razón aceptamos y dedicamos también el homenaje a todos los que dedicaron su vida profesional a este Cuerpo de Telecomunicación.

 Sin ánimo de presumir de nada, pues a nuestra edad ya no tiene sentido, deseamos justificar ante vosotros el honor que nos dispensan; para ello, y a modo de currículo, queremos hacer constar a grandes rasgos cual ha sido nuestra actitud profesional como miembros del Cuerpo de Telégrafos:

 Son muchos aspectos a los que habría que referirse para dar una visión completa de toda la actividad que se llevaba a cabo en las oficinas de telégrafos de mediados del siglo pasado. Nos referimos solamente a los que consideramos más importantes.

 En relación a los compañeros de trabajo:

 Estamos convencidos de que con todo el personal de Telégrafos de Jaca, y desde el año 1960 con los de Correos, formábamos una gran familia. La relación entre compañeros siempre estuvo presidida por la cordialidad, cuando no por una verdadera amistad, tanto dentro como fuera de la oficina. Nos hemos alegrado y entristecido con sus alegrías y con sus tristezas,; técnicos, ejecutivos, auxiliares, repartidores y celadores, hemos realizado excursiones inolvidables a diferentes puntos de los alrededores de Jaca.

Con certeza, esta actitud de amistad con los compañeros también explica nuestra presencia en Jaca.

Nuestro primer destino de recién casados fue Teruel capital, pero llegamos a la conclusión de que como responsables de una oficina Completa podríamos compaginar mejor las obligaciones laborales y familiares. Pedimos traslado a Villanueva y Geltrú, pero resultó ser una oficina con un volumen de servicio enorme que nos exigía una dedicación extraordinaria en nuestro intento de cumplir escrupulosamente con nuestra obligación. Este sobreesfuerzo me provocó problemas de salud y nos vimos obligados a pedir un nuevo destino, esta vez a Monzón. Aún estaríamos allí si no hubiera ocurrido que un compañero telegrafista de Monzón represaliado tras la guerra civil, fue destinado forzoso a Tamarite de Litera, población a la que se desplazaba diariamente en motocicleta. Tenía problemas de vista, y cada viaje representaba un serio riesgo para su integridad física. Crescencia y yo decidimos tomar la iniciativa de pedir un nuevo traslado con la condición de que una de las plazas que dejábamos vacante se la dieran a este compañero. Planteada la situación a la Jefatura de Huesca nos avisaron de que en Jaca se habían producido unas vacantes que nos podían interesar. Me desplacé para conocer esta ciudad y dimos la conformidad. Aquí estamos desde el mes de diciembre de 1.951.

 Nuestra actitud hacia el público:

 Siempre hemos tenido muy claro que éramos funcionarios públicos y que nos debíamos esmerar en ofrecer el mejor servicio a cuantos necesitaran de Telégrafos. Debemos decir que esta actitud fue compartida por todos los que trabajaron en la oficina de Jaca.

 Entre algunos ejemplos que ilustran este compromiso podríamos citar:

 Como los telegramas y los giros debían repartirse inmediatamente de recibirlos, en no pocas ocasiones los repartidores tenían que salir de servicio en condiciones climáticas verdaderamente adversas.

Los días en los que se preveía un considerable aumento de trabajo, para evitar retrasos en la entrega, convocábamos a nuestros hijos para que participaran en las tareas de reparto.

En los años sesenta vinieron a Jaca muchos trabajadores de muchas regiones españolas para trabajar en las explotaciones forestales y en la construcción de obras hidráulicas. Todos los domingos venían para enviar por giro telegráfico dinero a sus familias. Como la mayoría eran analfabetos, los repartidores y mis hijos les rellenaban los impresos para evitar que tuvieran que esperar mucho tiempo.

En algunas ocasiones se recibían telegramas urgentes después de la hora de cierre cuando ya se habían ido los repartidores. El horario de la oficina era de ocho de la mañana a las 24 horas sin interrupción. Si no se podrían leer por teléfono a los destinatarios, era yo mismo, o mis hijos, los que nos encargábamos de entregarlos, a veces en lugares inhóspitos y cualesquiera que fueran las condiciones meteorológicas.

 El trabajo en la oficina:

 Todos los compañeros que trabajábamos en Jaca tuvimos el máximo interés en hacer las cosas lo mejor posible. Por ello debo decir que recibimos numerosas felicitaciones de los Jefes de Huesca, y de los inspectores siempre que pasaron visita a la oficina de aca. También a modo de anécdota diré que en una ocasión me llamó de Huesca el Jefe de Tráfico para decirme que en los muchos años que llevaba ostentando ese cargo no había podido encontrar ni un solo error en mi documentación y quería decirme que después de tantos años había encontrado uno y consistía en que como los telegramas que contuvieran palabras de quince o más caracteres se tasaban por dos y en la columna en la que se consignaban las palabras se expresaban reales y el denominador las palabras a tasar teniendo en cuenta las dobles; pues hice la tasación con arreglo a las palabras reales y no a las dobles. Ese fue todo el error.

 Nuestra familia:

 El hecho de que nuestros cinco hijos vivieran su infancia y juventud entre telegrafistas, morses y teletipos, explica que su vida, en parte, haya estado influenciada por las vivencias de sus primeros años de vida. Como hemos citado anteriormente, nuestros hijos colaboraron puntualmente en faenas telegráficas en un intento de mejorar el servicio. Pues bien, el primogénito y el cuarto de mis hijos (Segundo-José y Miguel), han dedicado su vida laboral a Telégrafos. El segundo, el tercero y el quinto de nuestros hijos no se han dedicado al telégrafo pero también en algún momento de sus vidas han dejado traslucir sus orígenes: Ángel y José María hicieron la milicia en una compañía de transmisiones, y Pablo, el menor de todos, a la corta edad de 14 años obtuvo un premio en la redacción de un tema telegráfico en un concurso promovido por la Dirección General del Cuerpo.

 Como ves, nuestra vida ha estado plenamente dedicada a Telégrafos, y aunque hace ya muchos años que estamos jubilados nos es imposible olvidar nuestra profesión y a nuestros compañeros. Para todos ellos, y especialmente para los que por desgracia no están entre nosotros, nuestro recuerdo más cariñoso, y para todos vosotros nuestro agradecimiento.

 Que tengáis una feliz estancia en Jaca.