Recuerdo de María Aurora Gómez Jorqui

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Nuestra María Aurora

 Se ha ido la sonrisa de la Asociación. No podremos verla ya, más que con los ojos del recuerdo, al reunirnos para cualquiera de nuestras actividades, de las que ella formó parte desde nuestros inicios. Nos parece increíble que quien luchó y venció en tantas batallas a lo largo de once largos años, no haya sido, al final, capaz de ganar la guerra al enemigo que la atacaba desde dentro de su propio cuerpo.

María Aurora, nuestra María Aurora, fue una fuente de optimismo para todo aquel que tuvo la suerte de conocerla. Siempre con su amplia sonrisa que despejaba cualquier nube que alterara el rostro del que se le acercaba, quien de forma inmediata correspondía con otra sonrisa de saludo y reconocimiento que le hacia olvidar los problemas que le habían acompañado y que, desde ese momento, quedaban totalmente olvidados.

Fue socia fundadora de la Asociación de Amigos del Telégrafo, y nos acompañó en todos aquellos actos que se organizaron, salvo el viaje a Córdoba en el que acababa de salir de una grave recaída, siempre ilusionada y participativa, aunque su salud iba decayendo poco a poco, siendo el último al que asistió el de la presentación del libro de nuestro compañero Ángel Medina, El amante clonado, el 22 de junio pasado en el Salón de Actos de la Escuela Oficial.

La sonrisa de María Aurora tuvimos ocasión de verla por última vez, aunque no era ni sombra de la que recordábamos, el pasado día 7 de agosto, cuando varios miembros de la Junta Rectora de "su" Asociación, con el Presidente a la cabeza, cumpliendo una resolución adoptada días atrás, la impusieron, en presencia de su querida hermana Vega, la insignia de "Kdo" que recibió con una gran alegría, teniendo tiempo aún, en medio de sus dolores, de darnos consejos e ideas sobre el porvenir de la Asociación, ya que era consciente de que no estaría junto a nosotros en el futuro para ofrecerlos.

Todos nos hemos quedado un poco más vacíos, más solos, aunque cuando nos venga a la memoria la imagen de María Aurora y su sonrisa, notaremos cada uno en nuestro corazón una pequeña llama procedente de la inmensa luz que irradiaba, y que es la herencia que nos ha dejado.

Adiós Maria Aurora, hija, hermana, compañera y amiga ejemplar, descansa en la paz que siempre proporcionaste a los que te rodeaban. Nunca te olvidaremos.

 

 
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