REFLEXIONES DEL DÍA DESPUÉS

(Salida de Cibeles)

La autora es Charo Bustamante

17 de julio de 2005

 

 

Todos los que conocéis algo de mí, sabéis que no soy de origen telegrafista pero me considero una de vosotros por los años que llevo enviando mensajes y sintiendo que esto me gusta. Creo que mi vocación telegrafista se remonta hasta muchos años atrás, allá por los setenta, cuando preparando las oposiciones a Correos, un compañero apuntó la posibilidad de hacer las de Telégrafos si suspendía las de Correos. No fue así y todo quedó en agua de borrajas. Pero el gusanillo se quedó dentro. Al cabo de los años, por circunstancias que no vienen a cuento, tuve la suerte de pasar a este mundillo distinto, cuando ya nada era igual que en los ’70 y todos éramos “uno”. 

Ayer viví un momento histórico. La Sala de Aparatos abandonó Cibeles. ¿Qué decir? No tengo palabras. Solo tengo los ojos húmedos. Quise salir sin decir adiós. Incluso comenté que volvería a pisar las escaleras por las que bajábamos como exiliados. Aprovechamos hasta el último minuto. Vimos como se trasladaban los ordenadores dejando solo el polvo sobre las mesas. El polvo y el recuerdo en el aire que, por mucha obra que haga nuestro Alcalde, nunca se podrá borrar. Dicen que hay fantasmas en el Palacio. Estoy segura. El fantasma de Telégrafos estará siempre. Vagará por las plantas donde han estado durante años las máquinas que lo hicieron posible. Nada se va definitivamente mientras tengamos el recuerdo de ello. Y sé que el recuerdo de Telégrafos en Cibeles durará no solo en los telegrafistas, sino en toda la población. Cibeles es emblemático. Cibeles es el Palacio de Comunicaciones, y es Correos y Telégrafos por mucho que el Alcalde quiera que sea suyo. Siempre que alguien quiera enviar un telegrama o una carta con una cierta rapidez y seguridad, sé que recordará que antes, en esas circunstancias, iban a Cibeles. Puede que fuera debido a la permanencia en servicio durante 24 horas, que hace tiempo dejó de ser una realidad. Pero la idea ha quedado y aún se  piensa que lo rápido y bueno está en Cibeles.

 

No pudieron unir realmente ambas instituciones, en la mente de todos son dos cosas distintas. Cuando fusionaron Correos y Telégrafos, creyeron que era el momento final del Telégrafo. Nada más lejos de la realidad. Telégrafos siguió existiendo con personalidad propia, con tecnología diferente, pero como una parcela aparte. Ahora quieren darnos la puntilla final. Parece que ya enviar telegramas está “demodé”, pero hay están los depósitos al último día de Cibeles, en donde el atasco es como una riada. Desde las altas esferas puede que piensen que no rendimos, pero allí estamos todos, el puñado escaso de personas que damos el callo por lanzar mensajes de forma masiva sin querer darnos cuenta que es imposible, que no hay forma humana de trabajar con la escasez de personal que sufrimos.  Pero el día que faltemos nos echarán de menos.  Ya el último día, los compañeros del vestíbulo del Palacio empezaban a notar que se marchaba la Sala.

Mañana, caminaré hasta mi punto de “destierro”, seguiré trabajando con el mismo interés que hasta ahora, y seré consciente que he tenido la “suerte” de vivir un momento histórico, que ojalá no hubiera existido.

 

Quiero reivindicar una reflexión.

 Me siento muy ligada a mis compañeros de Correos, donde he encontrado a personas maravillosas. Creo que esta fusión solo ha existido en el papel. Siempre se ha hecho un muro entre unos y otros. Yo, amiga de compañeros en ambos bandos, me he sentido en cierto modo como un enlace entre los dos grupos. No son las entidades, sino las personas quienes llevamos a cabo este día a día y conseguimos que todo funcione. A veces acusamos a los compañeros de Correos de no saber muchos de los términos telegráficos. No es culpa suya. Trabajan sin que nadie les haya explicado como hacerlo. Han sido muchas las veces que he cogido el teléfono y hablado con sucursales para aclararle ciertos puntos que ignoraban. Creo que ha habido un mar de fondo, unos ciertos “celos profesionales” que ya va siendo hora de olvidar. No somos superiores a Correos, como a veces algún telegrafista poco ético me ha dejado entrever. Ni tampoco los compañeros de Correos deben acusarnos de sentirnos por encima de ellos, vuelvo a repetir que somos iguales, cada uno con sus conocimientos, cada uno preparado para aquello a lo que nos íbamos a dedicar.  Y en ambas partes hay personas inteligentes y cumplidoras y otras que no lo son. Todos estamos en el mismo barco, cada uno con sus funciones.

Ahora que empezamos una nueva etapa, quiero enviar a todos, los de la saca y los de la cinta, un fuerte abrazo y mi deseo de caminar juntos hacia el futuro.

 

Charo Bustamante